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NAAN DE QUESO

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El naan es un pan plano que proviene de Oriente Medio, Asia Central y Asia del Sur y que a nosotros nos llega, sobre todo, a través de los restaurantes indios.
· 200 g de harina.
· 1 yogurt natural sin azúcar (125 g)
· 1 pizca de sal.
· 2 pizcas de azúcar.
· 2 pizcas de levadura Royal
· 50 g de agua.
· 160 g de queso en porciones tipo quesitos.
· Aceite.
· Mantequilla o ghee (mantequilla clarificada).

¿Cómo se hacen los naan de queso?
1) Ponemos la harina en un bol junto con la levadura, la sal y el azúcar. Mezclamos.

2) Añadimos 1 cucharada sopera de aceite y el yogur. Mezclamos.

3) Añadimos la mitad del agua y amasamos ligeramente. Tiene que quedar una masa bastante blanda, pero, para no pasarnos, debemos añadir el agua poco a poco.

4) Ponemos aceite sobre la superficie trabajo y amasamos golpeando la masa contra la superficie (ojo, mancha) hasta que aquella esté suave y flexible.

5) Ponemos la masa en un bol, lo cubrimos con film y dejamos que repose durante unas 2 horas.

6) Sacamos el queso de la nevera una hora antes de utilizarlo para que no esté duro y sea más manejable.

7) Precalentamos el horno a 250º.

8) Dividimos la masa en 4 partes iguales.

9) Enharinamos la superficie de trabajo y extendemos cada trozo de masa hasta obtener una torta circular.
10) Ponemos en el centro unos 40 g de queso.
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11) Podemos darles a los naan forma redonda o triangular.
12) Horneamos los naan durante unos 8 minutos o hasta que estén ligeramente tostados.
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Servir calientes
FUENTE: http://www.algoseestacocinando.com
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Helados caseros

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Helados cremosos y biscuits

En este grupo de helados siempre se parte de una base cremosa de un lácteo (natilla, crema inglesa, yogur, leche o nata montada) a la que luego se va agregando el resto de los ingredientes.

El más sencillo de elaborar es el helado cremoso de yogur. Las proporciones son las siguientes: 250 gramos de yogur, 250 gramos de frutas troceadas o trituradas y una yema de huevo para dar más finura al helado. Se mezclan los ingredientes, se prueba la base y se pone el punto de azúcar o de dulzor a nuestro gusto (en lugar de azúcar es posible emplear miel o mermelada). Una vez que están todos los ingredientes mezclados, se vierten en un recipiente apto para congelar.

Si se prepara el helado cremoso a partir de una natilla (ya sea casera o comercial), solo se deben batir tres claras a punto de nieve, mezclar con cuidado con 300 gramos de la natilla elegida fría e introducir en los moldes para congelar. ¡Listo!

Para enfriar las bases, hay dos opciones. O bien se mete la mezcla en una heladera y se remueve de manera continua (esto formará un helado cremoso y homogéneo), o bien se elige una alternativa más casera pero que también da buenos resultados: introducir la mezcla en el congelador en un molde y de vez en cuando removerla, de tal manera que el helado quede cremoso y no cristalice.
Otra de las variedades es el biscuit helado, que es el resultado de mezclar huevos, nata y el sabor deseado (como vainilla, limón, licores, galletas, etc.). En algunos casos se le pueden añadir claras a punto de nieve, para que tenga una textura más esponjosa. La ventaja que tienen los biscuits es que no cristalizan por su contenido en nata. Para que se enfríe y solidifique tan solo hay que introducirlo en el congelador, por lo que es idóneo para hacer helados con sabores más complejos y con elementos sólidos como trocitos de galletas, bizcochos, pepitas de chocolate o frutas enteras.

Para elaborar un biscuit se necesitan cuatro yemas de huevo batidas con 100 gramos de azúcar. Se montan las cuatro claras a punto de nieve y, por otra parte, se montan 250 gramos de nata. Se incorporan con suavidad las claras montadas a las yemas batidas con azúcar. Luego, con el mismo cuidado, se agrega la nata montada y, por último, unas cuatro cucharadas del elemento elegido (puré de plátano, frambuesas, manzana… o frutas con café, con cacao…). Una vez preparado el biscuit, se vierte la crema obtenida en moldes que se meten en el congelador durante seis horas hasta que se endurezca y esté listo para servir. ¡Exquisito!
Helados de hielo y sorbetes

Los helados de hielo son los más populares entre los pequeños en la época estival. Se elaboran en su gran mayoría con frutas, en especial con las que tienen mucha agua en su composición, como naranja, limón, piña, sandía o melón. También se hacen con la pulpa de frutas carnosas y dulces como las fresas, el melocotón, las cerezas o el kiwi. En todos estos casos, las proporciones en peso no son tan determinantes para conseguir un refrescante polo o sorbete. Su sabor y textura dependerán de la madurez de la fruta y de su intensidad de sabor.
En primer lugar, se hace un zumo o un licuado de la fruta con la que se quiera preparar el helado. Una vez triturada, se cuela para que quede un helado sin trocitos de frutas o se deja tal cual si lo que se prefiere es encontrar trocitos de pulpa según se va chupando el polo.

Después de hacer el zumo, se elabora un almíbar a punto de hebra. El almíbar debe pesar la mitad que el zumo. Así, si se han hecho 250 gramos de zumo de fruta, se emplearán 125 gramos de azúcar con unas cucharadas de agua. Se calienta hasta que se deshaga el azúcar y se convierta en un líquido transparente y viscoso. Se deja templar, con cuidado de que no se solidifique, y se mezcla el almíbar con el licuado o zumo de frutas. Se remueve hasta que se deshaga. Cuando se tenga preparada la mezcla, se va introduciendo en una sorbetera (si se quiere elaborar un sorbete o un granizado), o en unos moldes de helados con un palito en el interior para después congelarlo durante seis horas, hasta que se solidifique (para tener un exquisito polo o helado de hielo natural).

fuente:eroski consumer

Cómo elaborar un yogur casero

yogurt
Trucos y consejos para hacer yogur en el hogar y aprovechar las mejores frutas de la primavera y el verano

En el desayuno, en la merienda, como postre o como tentempié, el yogur es uno de los alimentos más consumidos en casa. En el mercado se encuentran infinidad de opciones, texturas, sabores y consistencias que, muchas veces, incluyen otros elementos, como trocitos de chocolate, cereales o frutas. En primavera y verano hay muchas frutas. ¿Por qué no hacer, entonces, los yogures en casa con fruta fresca? La elaboración es muy sencilla, permite aprovechar la fruta de temporada y ofrecer un postre exquisito hecho por nosotros mismos. En este artículo se detalla cómo hacer un buen yogur casero con frutas.

El yogur se consigue transformando la leche con ayuda de unas bacterias y un poco de calor. La idea es conseguir una fermentación controlada, que permite que la leche se coagule, formando un producto cremoso, con un alto valor nutricional. Una vez formado el yogur, hay que conservarlo en la nevera, ya que, a diferencia de los yogures industriales, tiene un periodo de conservación relativamente corto (una semana). La temperatura ambiente haría que siguiese fermentándose y se echase a perder.

El yogur se puede elaborar solo con leche (para obtener los llamados “yogures naturales”) o es posible aromatizarlo durante su preparación, dando lugar a un sinfín de sabores y texturas según el gusto personal: desde los sabores más frescos, con frutas, hasta los más dulzones con aromas como la vainilla, con galletas o hasta con chocolate.

Para elaborar cuatro vasitos de yogur natural se necesitan unos 65 gramos de yogur natural y cremoso (aquí es donde están las bacterias que ayudarán a fermentar la leche), medio litro de leche natural (puede ser de oveja o de vaca, mejor entera o semidesnatada) y una cucharada de leche en polvo. Si se quiere agregar algún aroma frutal, se pueden triturar unas cuantas fresas, un plátano o frutos del bosque (como frambuesa); lo importante es que sea fruta madura y en buenas condiciones.

Antes de comenzar la elaboración es recomendable tener un termómetro de cocina (los hay muy económicos por no más de 10 euros), para controlar la temperatura de la leche.
Se calienta la leche con la cucharadita de leche en polvo sin que llegue a hervir. Cuando está humeando (a unos 90 ºC), se saca del fuego, se deja que se temple y baje a una temperatura de 50 ºC, para que el calor de la leche no mate las bacterias del yogur. Si no hay termómetro, la temperatura sería la de poder tocar la leche sin quemarse. Se agrega el yogur natural y se remueve para que se integre a la perfección. Se vuelca la leche en unos recipientes individuales de vidrio o de barro, a los que luego se puede ponerle tapa, se remueve de forma suave y se tapa con un trapo de cocina (para que no se produzca condensación) durante cuatro horas.

Transcurrido este tiempo, se tapa de manera individual cada tarro con una tapa o papel film o de aluminio. Se cubren los botes para que guarden calor continuo de unos 25 ºC, se envuelven con varios trapos de cocina y se dejan reposar en un lugar templado durante seis horas. Después de este tiempo, la leche habrá fermentado y se habrá obtenido el yogur casero. Cuando esté cuajado de forma uniforme, se introduce en el frigorífico y ya se puede consumir a lo largo de esa semana.
Yogures caseros con sabores y con frutas

Elaborar yogur es muy sencillo. Y agregarle sabor y texturas de fruta tampoco es complicado: tan solo hay que elegir la fruta y probar a mezclar con la base de yogur.

Si se quiere hacer el yogur con frutas se tienen varias opciones para darle sabor y aroma, utilizando mermeladas, confituras o fruta fresca madura.

Para usar frutas frescas, se pelan, se retiran las semillas y se pasan por la licuadora o por la batidora hasta formar un ligero puré. Se agrega el puré de frutas (o la mermelada y confitura) a la mezcla del yogur cuando todavía está templada.
Los yogures de frutas más apetecibles y que dan mejor resultado son los que contienen frutas con una pulpa carnosa, sin excesivo contenido en agua y con un alto contenido en fructosa en su madurez. Entre ellas están las fresas, el melocotón, el plátano, el kiwi y los albaricoques, además de los llamados frutos del bosque como moras, arándanos y frambuesas.
No solo se conseguirán yogures de frutas añadiendo su pulpa triturada sino que también se pueden agregar trocitos de frutas frescas enteras, con lo que se obtendrá un yogur muy saludable y rico en fibra dietética.
El yogur natural tiene un sabor un poquito ácido que no a todo el mundo gusta; por eso es habitual edulcorarlo con una cucharadita de azúcar. Pero, además, se le puede dar un toque goloso añadiendo un par de cucharadas de mermelada en la base de los vasitos donde se prepare el yogur. Luego se vierte sobre la mermelada elegida la mezcla tibia y, una vez cuajado el yogur, el resultado obtenido es espectacular: un yogur natural integrado con la mermelada y que se puede complementar con unos trocitos de las frutas elegidas, en fresco.

FUENTE:EROSKICONSUMER

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